Hay tres cosas que indudablemente se hacen al llegar a Madrid:  ir a Puerta del Sol, visitar el Museo del Prado… y comer un bocadillo de calamares.

Visitar Madrid y no comerse un bocadillo de calamares, es como ir a Nueva York y no ver la Estatua de la Libertad o irte de Dublín sin probar una Guiness: un sacrilegio imperdonable.

Su éxito tiene sus antecedentes en la fritanga que en los años 60 y 70 podían oler nuestros padres, estudiantes entonces, en los alrededores de la Plaza Mayor y en calles no muy lejanas como Fuencarral o Noviciado.

La receta es muy sencilla aunque podemos encontrar algunas variantes.  Los calamares bien pueden ser enharinados o rebozados con huevo; a la romana o en tempura; cortados en trozos pequeños, tiras, anillas grandes o menos grandes, con patas o sin ellas. El pan será ancho o estrecho, crujiente, en baguette, chapata, hogaza o pistola de toda la vida. Puede estar acompañado o no de salsa alioli, mayonesa, limón.

Para acompañar, nada como una caña -que sea bien tirada-, que combina a la perfección y resulta en un binomio ganador: barato, sencillo, delicioso, auténtico. Se trata del aperitivo, merienda, desayuno y comida perfecta. ¿Qué más se puede pedir?

El origen del bocata de calamares (“qué cosa más tonta, y qué cosa más rica”, como lo definiría el jurado de MasterChef, Pepe Rodríguez) tiene tan poco de castizo que extraña que se haya convertido en una seña de identidad madrileña equiparable al cocido o los callos.

Ya en el norte de España conocían de sobra las rabas, mientras que en el sur la fritura de pescado –herencia sefardí– era una costumbre bien asentada. ¿En qué consistió la aportación de Madrid? En añadir el pan, claro.

Tal es la devoción de los madrileños por este ícono del comer, que probablemente es el único bocata del mundo que tiene su propio día Mundial, el 14 de abril.  La pregunta es: ¿A quién se le ocurrió que un bocata cuyo ingrediente principal es un producto del mar, fuera el mejor representante de una ciudad donde… ni siquiera hay playa?

El bocadillo de calamares parece haber nacido entonces en los alrededores de la Plaza Mayor, lugar que puede considerarse como el epicentro de esta experiencia gastronómica castiza.

Pero luego también tenemos algo más concreto como la Calle de Botoneras, que podría llamársela sin exageraciones «la vía de los bocadillos de calamares», por acoger a varios de estos templos del bocata a pie de calle, creando una especie de ruta de paso obligado para turistas y locales que van en busca de este bocadillo tan paradójicamente madrileño.

Sabemos que para conocer Madrid, también hay que saborearlo, y para ello tienes que visitar alguno de los lugares que te recomendaremos aquí.

No están todos los que son, ni son todos los que están, pero sin duda sí son los más castizos y tradicionales de esta ciudad para comer un bocadillo de calamares digno y en condiciones, con todo el espíritu que encierra ser un madrileño, -bien sea de origen o de corazón- dejándose atrapar por su magia y tradición.

Empecemos esta aventura y no pierdas el paso, que hay mucho por saborear… ¡a por ellos!


El Brillante: la embajada de facto

Antes de adentrarnos en el llamado epicentro del bocadillo de calamares –La Plaza Mayor– no podemos pasar por alto al bar que se ha ganado por derecho propio, el apelativo de «embajada».

Puede que sean los más míticos y conocidos de Madrid.  El Brillante es un punto de interés turístico por estar situado justo enfrente de la estación de Atocha y junto al museo Reina Sofía.  Es para muchos su santuario al que consideran «la embajada del bocadillo de calamares» y no es para menos, porque llevan desde 1952 ofreciendo como especialidad de la casa este contundente bocata.Sus diferentes panes y formatos hacen que las propuestas sean algo más amplias, y los calamares, grandes y crujientes, se sirven bien tiernos y jugosos, en su punto justo de aceite y sal.

Eso sí, son de los menos económicos de la ciudad debido a su popularidad, pero probarlos merece realmente la pena ya que estaremos participando en una parte de la historia madrileña.


Cervecería Plaza Mayor: pisando fuerte

Tiene el mejor «marketing sensorial» de la zona, gracias a ese olor a frito que da la bienvenida a todo el que accede a la Plaza Mayor madrileña.

Aquí el espectáculo castizo se respira en su esencia: camareros cantando la comanda y entonando el habitual “al fondo hay sitio”. Y lo más importante: el bocata de calamares está sabroso.

Presumen de su bocadillo estrella, porque está compuesto de calamar del Cantábrico, bañado en aceite de oliva y pan estrecho.También ofrece tapas y raciones de todo tipo, cañas y vermut de grifo, además de contar con una excelente terraza climatizada en el mismo corazón de la Plaza Mayor, y sin que todo esto sea necesariamente muy elevado de precio, como en los típicos bares cazaturistas.

Por menos de 5€ en barra puedes conseguir un bocata, con su caña y un aperitivo. Vale la pena vivir la experiencia que vienen brindando desde 1976.


Casa María: crujiente con el mejor pan

En plena Plaza Mayor, este mítico local continúa ofreciendo a clientes locales y a turistas una propuesta sencilla y tradicional, en la que no faltan los platos más representativos de la gastronomía más castiza.

Entre ellos no podía faltar el bocadillo de calamares, que en Casa María sirven tanto en barra como en mesa, así como para llevar y degustar donde uno quiera. Se diferencia de los demás por su pan, mucho más crujiente, lo que aporta un toque consistente y firme a la elaboración.

Bocadillo Calamares - Casa María

Ya lo había comentado el reconocido Chef y Jurado de MasterChef, Pepe Rodríguez: “Lo más barato es el pan y normalmente es lo peor. Hay que usar un pan de calidad”.

En esta casa se lo tomaron muy en serio, y si a eso le sumamos, calamares sabrosos y bien fritos, sin exceso de grasa y fáciles de masticar, entonces sabemos que los bocadillos de aquí no defraudarán en absoluto.

En los últimos dos años, este establecimiento ha recibido el certificado de «reconocimiento a la Excelencia», por parte de TripAdvisor y la inclusión en la prestigiosa Guía Metrópoli, como «Local Muy Recomendado para comer y beber».  Ya tenemos razones de sobra, para visitarlo.


Casa Rúa: una apuesta segura

Se trata del habitual bar en las inmediaciones de la Plaza Mayor que tienen mucha demanda por su estupenda relación calidad-precio de una de sus especialidades. Ya se imaginarán cuál, por supuesto.

Lleva años sirviendo en su pequeño local en una de las esquinas de la Plaza Mayor un bocadillo relleno de dorados calamares con un intenso sabor. Las largas colas que se forman en su puerta son una buena seña de ello.A pesar de que podemos evitar la multitud y pedirlos para llevar, también encanta la idea de hacerse un espacio en barra y disfrutar del olor y el ambiente mientras nos sorprendemos viendo cómo despachan cientos y cientos de bocadillos. Aseguran que han llegado a vender hasta 3.500 bocadillos al día.


Bar Postas: de toda la vida

“De toda la vida”. Así podríamos definir Bar Postas, este local típico de Madrid que en su barra metálica y siembre abarrotada despacha cada día decenas de bocadillos de calamares, su elaboración más demandada.

Aquí se viene a degustarlo de pie, acompañado de una cerveza y mimetizándonos con su ambiente tan castizo.

Bocadillo calamares - Bar PostasPan crujiente, calamares fritos a la perfección y fáciles de masticar, sin exceso de grasa y con todo su sabor. Para completar la visita, ofrecen diferentes raciones contundentes y a precios muy asequibles. Comerlo aquí no tiene pierde.

  •  Dirección: Postas, 13. 28012 Madrid
  •  Horario: 18:00h a 00:00h.
  •  Teléfono: 91 521 19 42
  •  Internet: Website | Facebook
  •  Precio: bocadillo + caña = 4,80 euros.

La Ideal: el relleno más generosoA pocos pasos de la Plaza Mayor encontramos también a Bar La Ideal, otra buena parada para retomar fuerzas con un rico bocadillo de calamares después de darnos un buen paseo por el Madrid de los Austrias.

Luego de seguir ofreciendo este bocadillo por más de 50 años, mantienen su estilo hecho con pan reciente, muy generoso con el relleno y que, a su vez, resulta de los más jugosos que podemos encontrar.Calamares grandes y dorados, listos para satisfacer a los paladares más castizos y dejarnos el estómago bien contento. Como acompañamiento, les recomendamos probar uno de sus pinchos de tortilla o las tradicionales patatas bravas.


La Campana: tradición que se hereda

Una vez más veremos largas colas fuera del local, un espacio de ambiente cañí que también se ha especializado en el bocadillo de calamares.  Es el lugar favorito de muchos por el que han pasado hasta tres generaciones, para saborear esta sencilla receta en los alrededores de la Plaza Mayor.
Los preparan con un pan tradicional que se termina por integrar con los calamares antes de acabarnos el bocata, deshaciéndose poco a poco.

Es complicado no mancharse, sobre todo si lo comemos de pie, pero la satisfacción de terminarlo y de quedarnos con ese gusto sabroso y potente es una auténtica delicia.


Cervecería Sol Mayor: un clásico que se mantiene

Este bar es un clásico para comer el auténtico bocadillo de calamares de Madrid.  Situado en una de las calles más transitadas de las que rodean a la Plaza Mayor, tan solo al entrar se hace notar el ambiente de bar español, por el ruido de la charla amena y apasionada, las órdenes y comandas de voz en cuello de los camareros, el olor de la fritura y el entrar y salir constante de los platos.

Y es perfecto para llevar a un extranjero a conocer qué significa la palabra castizo en términos de bar, así como la atención que su personal puede brindar en diferentes idiomas, cosa que para un extranjero es de muy agradecer.Son especialistas en frituras de toda la vida, y por supuesto, dentro de esa fritura, no podían faltar los calamares en ración o en bocadillo.

Llevan más de un siglo especializándose en ello, por eso cuesta encontrar sitio, pero merece la pena.

  •  Dirección: Postas, 5. 28012 Madrid
  •  Horario: 08:00 a 00:00 hrs.
  •  Teléfono: 915 21 72 18
  •  Internet: Website | Facebook
  •  Precio: 3,50 euros.

Una tradición cada vez más fuerte.

Lo volvemos a decir, no son todas las que están, ni están todas las que son.

Comer un bocadillo de calamares es algo tan madrileño que encontrarlo en casi cualquier bar o restaurante del casco histórico de Madrid es lo normal.

Nos hemos centrado sólo en esta zona en particular –La Plaza Mayor– porque su historia inicial nos remonta a ésta y con el tiempo no ha hecho más que popularizarse y extenderse.

Queríamos dar a conocer los sitios donde se puede comer y disfrutar de un bocadillo de calamares clásico, de receta sencilla y de tradición castiza.

Sabemos que con el paso del tiempo, este bocata ha ido adquiriendo distintas personalidades y presentaciones, la receta ha ido evolucionando sinó arriesgando, y a día de hoy podemos encontrar otras versiones tan deliciosas como interesantes, gourmet, vanguardistas o deconstruídas, que merece todo un artículo a parte a publicar ¡y lo haremos!Pero de momento, sigamos disfrutando de esta deliciosa tradición con sabor a mar, en la ciudad donde no hay playa. ¡Buen provecho!